Prohibida la reproducción total o parcial de esta web. Todos los derechos reservados © Fuster 2009
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Catedrático de Bellas Artes
de la Universidad de Valencia
Escritor, Catedrático de Filología
de la Universidad de Valencia
Crítico de Arte
La teorización estética, en su interdisciplinaridad, ha ido asumiendo -y haciendo suyos- múltiples planteamientos desarrollados en otros sectores de investigación, pertrechándose así -selectivamente-de un considerable bagaje analítico, para abordar quizás más eficazmente sus propios objetivos disciplinares.
En este sentido, la lógica diferencia que viene siendo establecida en relación al estudio del lenguaje visual entre la "visión foveal" (la adquirida en la restringida zona que el centro de nuestra retina domina directamente y en la que puede registrar los detalles de manera minuciosa) y la "visión periférica" (en la que el amplio entorno marcado desde la retina tiene menos agudeza y es, por tanto, poco apta para captar detalles) se ha convertido, indirectamente, en base oportuna para teorizar -desde los resortes perceptivos- algunos de los divergentes recursos estilísticos que en el eléctrico panorama de la actividad artística actual, conviven y se desarrollan, aunque -dado su evidente distanciamiento- con frecuencia se ignoren mutuamente.
En el caso particular de Manolo Fuster (puesto que toda percepción visual implica también comportamientos secuenciales intencionados y altamente especializados) conviene, antes que nada, resaltar la estricta atención selectiva que define su poética, en la que el detallado y minucioso orden de codificación viene propuesto por la naturaleza misma del lenguaje por el que opta. Es la "visión foveal" la que, de este modo, se impone drásticamente como ficción generalizada, excluyendo de hecho -en el nivel representativo de la obra, aunque no, por supuesto, a nivel perceptivo- la existencia misma de toda la informal "visión periférica", y, con ello, se elimina (o al menos se reduce) simultáneamente la indeterminación y la ambigüedad figurativas.
No obstante -como suele acontecer también en otros destacados cultivadores de tal modalidad estilística- la presencia de la ambigüedad se recupera, como hábil recurso compensatorio, en el correspondiente nivel "simbólico", que se ve -así- ampliamente enriquecido y potenciado.
De esta manera, el virtuosismo denotativo de Manolo Fuster -normalizado en la selección de formas canónicas de directo reconocimiento- se abre explícitamente a un juego de connotaciones alegóricas que se insertan y engarzan armónicamente con la sintaxis compositiva, la cual, a su vez, estructura todos los elementos morfo-lógicos, resueltos a base de exclusivos planteamientos icónicos.
Desde tales supuestos, Manolo Fuster no ha dejado nunca de asomarse por la ventana de Leonardo. Es más, su incesante obsesión por captar y acumular hasta los más mínimos detalles le conduce (como hemos indicado más arriba) a que las distintas partes de la figura dibujada se ciñan y coadyuven -en su representación- para conseguir así la imagen más nítida: precisamente aquella dada por el ojo cuando la escena observada viene a coincidir con la parte central de la retina -la fóvea- pudiendo ser percibidos por ello con plena claridad los diferentes rasgos plasmados por la minuciosa combinación de la técnica lineal y total de sus dibujos.
No en vano el dibujo puede plantearse como recurso para la realización de un apunte o para el estudio previo de una obra que se llevará luego a término en otro medio; es frecuente que sea un rápido bosquejo, registrado de una fugaz experiencia visual. O puede, en cambio, como en Manolo Fuster, representar la obra definitiva, es decir ser una composición completa en sí mismo.